El patíbulo interior

 

 

 

<< Un preso observa desde su celda que están construyendo un patíbulo y creyendo que está destinado para él, por la noche se escapa, baja y se cuelga >>.

Esta reflexión suicida la escribió Kafka en el margen de uno de sus cuadernos. 

Aún sin llegar a un destino tan kafkiano como el de este preso, el inquisidor que algunos llevamos dentro nos puede abocar a contradicciones de lo más rocambolescas.

 

Es como un "Pepito Grillo" implacable que nos llega en forma de pensamientos y reproches constantes, nos enmaraña y emborracha con dudas. Es una vocecita recurrente que nos ajusticia. Porque en uno mismo puede convivir juez y parte, victima y verdugo... y todo eso dentro de uno, para volverse loco, ¿Verdad?

 

Una vez escuché que la culpa es la termita del alma, también escuché que la ausencia total de culpa puede ser la termita de la humanidad. Pero ni un extremo ni otro, ¿No?

 Los pensamientos nos pueden desbordar hasta el punto de que, cuando se espera con obsesión, el futuro puede vivirse en el presente.

 

Volvamos al reo, imagínelo acechado por unos muros sombríos, rodeado de reproches acosadores, de culpa inquisidora, de incertidumbre y de dolor anticipado que ya es vivido. ¿Para qué alargar más la agonía?, ¿Para qué dejar en manos de otros el destino propio?

Sólo que tal vez ese patíbulo no era para él...

 

Entre paradojas y contradicciones anda el juego de la vida. Aquello que tememos es a lo que nos abocamos nosotros mismos con algunas de nuestras acciones. 

 

¿Alguna vez ha provocado justo lo que había intentado evitar?, ¿Le ha pasado que al intentar alejarse de lo temido se ha acercado aún más?

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