Ansiedad I: De cómo pasé de tener nervios a sufrir ataques de pánico.

En este pequeño relato se describe cómo una persona pasó de padecer nervios asociados a una circunstancia puntual a sentir miedo y experimentar ataques de pánico.

ansiedad

<< Lunes, nueve de la mañana. Anuncian en la radio que hoy hay huelga en los servicios de transporte públicos, así que tengo que prepararme para esperas y aglomeraciones, procuro darme prisa. Dejo la tostada a medias.

 

Un portazo, salgo sobresaltado, he calculado el tiempo que tardaré en llegar, pero con este contratiempo nunca se sabe...

Por fin, mi primera entrevista de trabajo en meses, no puedo quedar mal.

 

Autobús, intercambiador, transbordo hacia el metro. 

Carreras, sudores, viajeros a derecha e izquierda en ambos sentidos. Una pequeña palpitación y...

 

Y no conseguí el trabajo...

¿Qué ocurrió? Pues que no me presenté a la entrevista.

 

¿Por qué? Retrocedamos nuevamente para que retome lo que me ocurrió.  

 

Cuando siento esa pequeña pero incisiva palpitación, me encuentro como una hormiga más en medio de la marabunta que enfila por los pasillos del metro.

 

El sudor me recorre cada pliegue del cuerpo. Las escaleras mecánicas rotas, para variar, me dirijo a las antiguas. Obligado a bajar un sinfín de estrechos escaloncitos, agarrado a la barandilla, los escalones se mueven en mi cabeza, me mareo. 

El metro está llegando, puedo oir su rumor acercandose al andén. Corro, salto, esquivo. Un pitido, cierre de puertas, un empujón a tiempo y por los pelos... consigo colarme, recibiendo a cambio alguna cara desairada proveniente de mis compañeros de vagón.

 

El corazón me galopa al ritmo de la respiración. Necesito ver la hora, levanto el brazo, no sin rozar el trasero de un viajero. Creo que llegaré, ahora sólo me queda relajarme y dejar de sudar.

El vagón está atestado de personas, huele a tabaco, sudor y prisas. Mi camisa humedecida. Una sensación de asco me inunda.

 

Cálmate, cálmate. Cuanto más me lo repito más nervioso me siento, más sudo, más asco, más agobio, más ganas de salir de allí.

El aire es pesado aquí dentro. Cada parada viene anunciada por un meneo previo que nos agita y comprime unos a otros.

Con la apertura de puertas, todos respiramos al compás del nuevo aire que se cuela entre los que salen y los que entran.

Tengo que controlar mi respiración. Inspiro y expiro, inssssspiiiiiroooo y eeeexpiiiiiiiroooo...

Más nervioso aún, no consigo controlar la respiración. Una inquietante sensación de agobio me inunda, me asusta.

Cómo me aprieta la corbata, me sobra el nudo, me sobra la camisa, me sobra todo.

 

Pero, ¿Qué es lo que me está pasando?

Me siento aprisionado, no consigo enlentecer el ritmo de mi corazón que a estas alturas me ha subido del pecho a los oídos, ahora me palpita en los tímpanos.

 

Necesito aire, aire, aire, ¡Aire!

No aguanto más, me bajo en la siguiente parada para poder respirar.

Me siento en un banco, intento controlar mi respiración. 

Llega una humareda de pensamientos sombrios que me ahoga más aún: Estoy desentrenado, llevo un año sin trabajar, ¿Y si no soy capaz?, debí preparme más la entevista. Creo que buscan a alguien más joven, lo decía en el anuncio, empresa con equipo joven y dinámico, pero yo qué pinto ahí, no me van a coger... ir sería perder el tiempo y además enfermar porque me siento ya mal sólo de pensar en ir.

 

Miro el reloj, llegaré tarde si me quedo aquí sentado y no cojo el siguiente tren.

La bolita que siento en la boca del estómago me sube lentamente hasta la garganta donde se convierte en un nudo.

El corazón, la respiración y la cabeza cada uno a su ritmo, me han dejado de obedecer.

Me ahogo, me estoy ahogando... Qué vergüenza, a quién voy a pedir ayuda aquí...

Las piernas me flaquean, me pesan los brazos, la cabeza se embrolla y me hago pequeño, muy pequeño, entre la gente que va y viene.

Sin darme cuenta ya estoy en la calle, respirando y buscando un autobús que me lleve a casa.

 

Eso fue hace tres meses, desde entonces la culpa me corroe las tripas. Pero aquello sólo fue el principio, me juré a mi mismo que no volvería a pasar aquel maltrago otra vez.

 

Desde entonces, siento miedo, siento que me puede venir un ahogo o peor aún, que puedo sufrir un ataque al corazón, por eso estoy alerta y vigilo mi reacciones corporales para reasegurarme que no me pasará nada.

Me planifico el trayecto que tenga que hacer antes de salir de casa, evito el metro, he reducido los ejercicios aeróbicos que me aceleran el corazón, procuro también evitar los sitios concurridos o muy cerrados donde me cueste respirar.

Además, procuro salir acompañado por si acaso o pedir a alguien que me haga el favor de realizar algún recado que necesite si no me veo con fuerzas.

 

Por más precauciones que tomo, cada vez me encuentro más flojo, más vulnerable, más ansioso.

La semana pasada estuve en el médico de cabecera, me recetó unas pastillas y me recomendó evitar situaciones estresantes y procurar relajarme, me dijo que era algo de cabeza, porque las analíticas estaban bien.

Ya no aguanto más, no me siento mejor, cada vez me siento más pequeño, más incapaz...

Y ya no sé que más puedo intentar para dejar de sentirme así de mal.>>

 

 

¿Qué crees que está manteniendo el problema de ansiedad?, ¿Te ha ocurrido algún episodio similar?, ¿Te encuentras ahora en ese estado o lo has superado? Cuéntanos tu experiencia.

 

Te recomendamos consultar:

El apartado sobre ansiedad

EL artículo: 10 pasos que empeoran la ansiedad

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Comentarios: 6
  • #1

    Alex D' Bar (miércoles, 12 junio 2013 20:49)

    Hola, yo pasé por algo igual, claro que son los nervios que conllevan a la ansiedad y desencadena el pánico, no es miedo al rechazo del trabajo (no)el pánico deriva del miedo a la muerte, cuando sentías que te ahogabas te entró pánico al pensar que podías morir ahogado, en el metro asfixiado y cuando pides a alguien que te acompañe es por pánico que te de algo y nadie te auxilie y mueras... hace un mes justo el día de las madres de repente me sentí mal, mareado, y eso era derivado de mi mal vivir, en casa me hundí en mi proyecto de radio por internet y durante 2 años me acostaba a las 3 de la madrugada día a día para levantarme a las 5 de la mañana a preparar el desayuno de mis hijos y esposa para el colegio y trabajo respectivamente ; claro que cuando llegaba a casa a las 8 am después de dejarlos me acostaba hasta las 11 y me levantaba a almorzar espagueti con kétchup y queso o un arroz con un pollo y luego comía en la cena una arepa, un pan o cualquier otra mala comida, mi desayuno era café cargado y mis meriendas mas café, claro mi organismo ya no pudo hacer más milagro y colapsó dándome un malestar de debilidad y mareos, con eso comenzó la palpitación, el goteo de sudor frío, sentía hormigueos en las palmas de las manos y en las puntas de los dedos de los pies, comencé a sentirme que me desmallaba y pensé morir, me llevaron a urgencias y la tensión la tenía en 180/110 pero el corazón no presentó alteración en el electro.
    Fui al internista y me realicé los exámenes de sangre en 3 laboratorios diferentes, lo único irregular fueron los linfocitos en un 0.2% bajo, del resto todo bien, obvio las defensas debían estar bajas, me recetaron Stablon, omega 3, y oxinorm (vitaminas a, b y c) pero seguía todos los días con el mismo malestar luego aumentó, pues sentía en las noches al dormir que la espalda y los brazos me quemaban y las palpitaciones a mil, tenía pesadillas, comencé a creer que estaba gravemente enfermo y no lo habían detectado, pero yo mismo me dije ¡NO! Y comencé a investigar todos los síntomas que sentía y ninguno me indicaba enfermedad distinta al estrés y los nervios, y los síntomas de los que yo creía que era que me ocurrían como leucemia, diabetes, hipertensión e infarto no se parecían en nada a lo que yo sentía, así se desapareció la quemazón de la espalda y brazos , seguía sintiendo que algo andaba mal, me tomaba yo mismo la tensión como 10 veces al día al igual que el conteo de las palpitaciones y nunca obtuve resultados alterados mi tensión 110/70 y mis palpitaciones entre 80 y 95 por minuto, pero insistía en que algo andaba mal, comencé a entender que estaba cayendo en un estado de hipocondría (enfermedad psicológica en la que el paciente cree de forma infundada que padece una enfermedad grave) y comencé por primeramente dejar el fármaco (no te pido que lo hagas) seguí con las vitaminas pero ya no con la mente de mejorar mi salud sino con la mentalidad de mantener mi salud, comencé a realizar ejercicios de tonificación (en youtube hay muchos tutoriales) los ejercicios de tonificación ayudan a ejercitar el corazón y regular las palpitaciones, cuando sientes palpitaciones con el ejercicio es normal pues el corazón necesita bombear más sangre para mantener la energía, se sabe que un deportista bien entrenado presenta entre 45 y 60 palpitaciones por minuto lo que le da mayor resistencia a la hora de competir o entrenar, identifiqué lo que es el pánico y resulta que el pánico es una herencia desde los tiempos de la evolución en la que el hombre antiguo se encontraba con frecuencia ante la decisión de luchar o huir, el corazón palpita con más fuerza porque el organismo necesita mayor bombeo de sangre para emprender la huida más rápido o luchar con mayor fuerza y destreza, las pupilas se dilatan para tener un mejor enfoque de la realidad (por eso nuestra sensación de surrealismo) el cuerpo suda para dificultar al oponente o al depredador nuestra captura, las manos y los pies sudan y se adormecen para facilitar el agarre y evitar molestias, algunas personas sienten ganas de orinar o defecar por que el cuerpo necesita liberar peso y eso produce un efecto de asco o inapetencia hacia del oponente o depredador, la sensación de quemazón que se siente desde el estomago al pecho es la adrenalina que aumenta para activar los estados de alerta y fuerza y la sensación de quemazón en espalda y brazo u otra parte del cuerpo, es la química recibida de las infinitas terminaciones nerviosas (algunas personas lo perciben como hormigueo.

  • #2

    Alex D' Bar (miércoles, 12 junio 2013 20:50)

    Continuación...
    Ese sistema de defensa no lo percibimos o enfocamos como lo que es sino que nuestro organismo producto del estilo de vida, alimentación y estrés lo percibe o lo somatizamos como una sensación de enfermedad y miedo por lo que eso pudiera significar, las personas que caemos en el pánico nos sumergimos en un círculo vicioso: sentimos pánico al pensar que pudiésemos sentirnos mal en cualquier momento o nos sentimos mal por cualquier otra cosa y nos entra el pánico y día a día nos sentimos mal porque activamos por nuestros pensamientos negativos y nerviosos; el pánico y así.
    Yo al identificar de donde proviene el pánico, que es la ansiedad, los síntomas, y que es hipocondría he mejorado mucho, ya no entro en pánico y cuando me siento ansioso lo controlo enfrentando lo que me provoca ansiedad; participo en reuniones, voy a eventos, voy a centros comerciales y cuando veo mucha gente ya sé que lo que me puede dar realmente no es nada más que nervios y sigo adelante hasta comprobar por mi mismo que no sucede nada y le digo a mi yo interior “viste que no pasa nada miedoso”
    Hacer ejercicios de tonificación, una dieta balanceada, salir de la rutina, ver series o películas que no sean de violencia o acción, leer libros de autoayuda, el yoga, la aroma terapia con la mentalidad de que no lo haces por mejorar los nervios sino que lo estás haciendo por estar en armonía con tu salud y tu cuerpo ayuda mucho pero lo más importante es saber que no te está pasando nada….

  • #3

    Gabinete RgR (jueves, 13 junio 2013 16:58)

    Alex, muchas gracias por compartir con nosotros su experiencia sobre la ansiedad y los ataques de pánico. Creo que ha descrito con sumo detalle lo que muchas personas en diferentes países y circunstancias están vivenciando.
    Me gustaría resaltar algunas de las ideas que aporta porque creo que pueden ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo:
    - El miedo que subyace en el ataque de pánico suele ser miedo a morir, a sufrir un ataque al corazón, a ahogarse...
    - Los hábitos y estilo de vida son importantes. El estrés reiterado es mal compañero de vida.
    - El cuerpo da señales cuando necesita un descanso puntual o una tregua ante un ritmo frenético prolongado. Gracias a esas señales tomamos conciencia de que tenemos que cuidarnos. El problema viene cuando tomamos medidas ante reacciones corporales naturales pensando que son síntomas de enfermedad. Es así como nos acercamos más al pánico, para más información se puede ver el artículo: “10 pasos que empeoran la ansiedad”.
    - Ciertos estados de hipervigilancia (estar muy pendiente de las reacciones corporales, de los latidos del corazón, de cómo se respira, de realizarse pruebas y comparar los síntomas con los aparecidos en internet…) pueden rozar la hipocondría y añadir más elementos de miedo a la ansiedad.
    - Se tiene la tendencia a evitar la actividad física que acelera el pulso y la respiración. Sin embargo, como bien apunta Alex, tonificar el corazón y exponerse a subir y bajar las palpitaciones con ejercicio nos ayuda a familiarizarnos mejor con el ritmo cardiaco y sobrellevarlo mejor sin asustarnos cuando aparece la ansiedad.
    - Alex explica el círculo vicioso: anticipamos que nos puede ocurrir algo, percibimos síntomas fisiológicos, luego se activan pensamientos negativos de miedo y esto a su vez incrementa los síntomas iniciales.
    - El miedo, la ansiedad y el pánico conllevan reacciones naturales y adaptativas gracias a las cuales nuestra especie ha sobrevivido a lo largo de la filogenia. Identificar esos síntomas y convivir con ellos (en vez de intentar controlarlos), nos permitirá vivir de una manera más ajustada al funcionamiento natural de nuestro organismo.
    Nuevamente, muchas gracias Alex.
    Raquel G.

  • #4

    Gabinete RgR (martes, 07 junio 2016 13:03)

    Hola Mónica:
    A veces, la angustia, la ansiedad o los nervios pueden ser puntuales. Los síntomas se incrementan y luego, igual que han subido bajan. Si mientras suben, intentamos "controlarlos", lo que hacemos es incrementar el mantenimiento de la ansiedad.
    Primero puedes probar a identificar si ha sido algo puntual o si es frecuente. Si es puntual, sin más, se irá sólo.
    Si los síntomas son frecuentes, tal vez se pueda explorar qué está ocurriendo para que el cuerpo de señales de alerta de forma tan ocurrente, pues las sensaciones pueden ser mensajeras de que algo en nuestra vida nos produce sobreactivación.

    Las sensaciones corporales que lleguen se irán solas, para no empeorar su evolución, puedes leer sobre ello en este artículo de la web:
    http://www.rgrpsicologosysexologos.com/2013/05/01/ansiedad-ii-10-pasos-para-convertir-un-agobio-en-un-ataque-de-p%C3%A1nico/

    Un saludo,
    Raquel G. R.
    Gabinete RgR

  • #5

    Pedro (jueves, 22 diciembre 2016 13:11)

    Hola buenas, hace 5 meses empecé con una sensación de hormigueo en las manos, de ahí pase a sensación de mareo inminente y por último esto va acompañado de taquicardias y mucho mal estar. He ido a todos los médicos, cardiologos, neurólogo, internista más analíticas que me han hecho en urgencias y todos me dicen que está bien, yo no confío en ello ya que físicamente estoy destrozado, son sintomas horrorosos, apenas salgo a la calle, estoy todo el día en la cama y no se que hacer, todos me dicen que tiene que ser psicológico pero yo no tenia preocupaciones ni nada cuando todo empezó, estoy totalmente desesperado porque no puedo hacer nada en mi vida por las que lo intento.

  • #6

    Gabinete RgR (viernes, 23 diciembre 2016 09:13)

    Buenos días Pedro:
    Explicas que llevas unos meses con síntomas y malestares que te están desesperando, ¿Es así?

    Es difícil saber dónde empieza lo físico y dónde lo psicológico, pues las personas somos un todo, con un cuerpo que combina las sensaciones físicas, con las interpretaciones de los pensamientos y éstos a su vez pueden acentuar respuestas corporales y propiciar estados anímicos.

    Para la situación que nos comentas, me gustaría aportarte dos ideas:
    Primero, evitar situaciones puede aliviar los síntomas corporales asociados con la ansiedad a corto plazo pero a largo plazo puede convertir una preocupación en pánico, por tanto, evitar más que ayudar empeora. Poco a poco, ir retomando acciones que conlleven afrontamientos con las situaciones temidas es el primer paso.
    Segundo, a veces es conveniente parar y analizar cuál es la situación personal que tenemos: frentes abiertos, dificultades y miedos en cada uno de esos frentes, apoyos y puntos fuertes para superarlos y qué pasos se pueden dar para abordarlos. Estructurar fuera nos ayuda a estructurar por dentro.
    Espero que estas ideas te ayuden como primera orientación. Te recomiendo otro artículo del blog sobre este tema:
    https://www.rgrpsicologosysexologos.com/2013/05/01/ansiedad-ii-10-pasos-para-convertir-un-agobio-en-un-ataque-de-p%C3%A1nico/

    Si crees que tu situación actual te está resultando limitante, puedes pedir una cita informativa para valorar tu caso: https://www.rgrpsicologosysexologos.com/contacto/

    Un saludo,
    Raquel G.R.
    Gabinete RgR